Una vez finiquitadas estas fiestas, llega el momento de los propósitos, esa lista que casi todos hemos hecho alguna vez con ilusión, firmeza y convencimiento pleno. Voy a ponerme a dieta, voy a hacer ejercicio, voy a apuntarme a equis curso, voy a sentar la cabeza, voy, voy, voy....voy a hacer NADA.
Nada con respecto a los propósitos porque lo que tengo son deseos, sueños..No ansío ser la más guapa, la más delgada, la más alta, la más estilosa, la mejor madre, la más ordenada, la más simpática, la más competente, la más perfecta..¡NO!, me moriría del aburrimiento y probablemente del estrés. He aprendido a quererme con mis kilos de más o de menos, con mis ojeras, con mis despistes, con mi forma de hablar atropellada y muchas veces taquera, con mi ineptitud para las matemáticas, con mi pequeño caos, con mi yo inconstante, en fin, con todo mi etc.
No digo que muchas veces sea complicado mantener la autoestima alta cuando te miras al espejo, cuando critican tu trabajo, cuando gastas y desgastas "por favor" sin resultado, cuando te topas con algún/a gilipollas empeñado en arruinarte el día o la vida, no es tarea fácil, por supuesto, pero es en esos momentos, cuando voy en búsqueda de esa mujer imperfecta, la que he llegado a querer y me encanta, la que mira hacia otro lado cuando entra en la habitación de sus hijos una hora después de ordenarla, la que no quería perros y lidia con dos, la que ha aprendido a ignorar a quién no le aporta, la que se maquilla con un corrector de ojeras, la que despotrica con las injusticias, la que canta como una loca cuando conduce, la que quiere a los suyos con sus imperfecciones porque eso es lo que, al fin y al cabo, le hace feliz.
Así pues, en este recién nacido año, no hay propósitos que valgan. Deseo salud, mucha, toda, un buen pasar, disfrutar de mi familia y amigos, del sol, del mar, de las tormentas y el buen yantar, de la música, los libros, la fotografía, de los amaneceres y las puestas de sol, de las noches de luna llena, de terrazas y chiringuitos, de conocer el mundo y sus gentes (las buenas)...y seguir siendo imperfecta, más si cabe.
Como dice el título de un libro, en clave de humor y que aún no he leído "La mujer perfecta es una imbécil", quizás ese debería ser mi único propósito, no llegar nunca a ser una imbécil.
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